¿Crimen... O supervivencia?

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¿Crimen... O supervivencia?

Mensaje por Sheryl el Sáb Abr 23, 2011 5:55 pm

Privado
[Anne & Mephisto]

Era tarde, puede que la medianoche hubiera pasado ya hacía horas y que otras tantas quedasen para que el astro rey emergiese por el Este. Durante gran parte del día la loba se había quedado sola en casa a sabiendas que su dueño no iba a volver hasta tarde debido a su trabajo como militar y, por ello, se había abstenido de hacer comidas aquel día pues ya conocía la rutina de su amo: cada vez que trabajaba desde temprano hasta tarde iba a cualquier tugurio, bebía y volvía borracho a la casa, golpeándola si le entraban las ganas antes de dejarse caer sobre la cama. Nada indicaba que aquella noche fuese a ser algo distinto, el portazo oído desde la entrada principal indicaba que, incluso, su amo había vuelto con mal humor además de con varias copas de más.

El varón, todo un ejemplo de ideal alemán de no ser por sus ojos de tonalidad turquesa en lugar de azules completamente, había entrado en la casa soltando maldiciones y cargando una botella de whisky en la mano. Una botella vacía como pudo comprobar luego la rubia cuando dicho objeto de cristal casi le golpeó al ser lanzada en si dirección, estampándose contra una pared y rompiéndose en multitud de pedazos de cristal sobre los que terminó cayendo al recibir el primer puñetazo de la noche -directo al rostro- dejando en su mejilla derecha un color rojizo, poco después con una hinchazón y, al momento, el labio partido.

Cerca de diez minutos duraron los golpes y apenas dos gritos salieron de los labios de la joven, el primero cuando varios cristales se clavaron en su brazo izquierdo -al caer sobre los vídrios tras el puñetazo- y el otro cuando la última patada a su estómago le fue dada. Tosió varias veces después de ese último golpe y se incorporó como pudo justo a tiempo de ver como el rubio cogía la luger de su cinto y le apuntaba con ella. El instinto fue más rápido que la razón y, aún herida, con el labio y la ceja partidas además de múltiples contusiones, la lycan se abalanzó contra su amo y ambos forcejearon por el arma. Entre arañazos, golpes y mordiscos al final el sonido de un disparo inundó la casa y el varón que tenía encima al haber quedado ella pegada al suelo pronto dejó de moverse, apenas unos segundos después de que ella sintiera algo cálido caer a sus manos. La sangre tiñó tanto el torso del alemán como las manos de la muchacha al ésta gotear y, luego, su rostro cuando ya casi muerto, el hombre tosió, sacando por la boca parte de la poca sangre que le estuviese quedando en las venas.

Entre asustada y aliviada, la loba se quitó al hombre de encima y, tras alejarse hasta una de las paredes de aquel salón, miró a su diestra, soltando la pistola que tenía en ella como si su contacto le quemase. Sus sentidos estaban embotados y su oído le zumbaba por el fuerte sonido del disparo que, para ella, había sonado casi como un cañonazo. No se molestó en moverse de donde estaba, permaneció sentada en el suelo, casi totalmente encogida contra la esquina mientras utilizaba parte de su ropa hecha jirones durante la pelea para limpiarse la sangre del rostro y las manos. ¿Llegaría antes algún curioso o la policía alertada por los vecinos? Realmente poco le importaba. No huiría, no tenía sentido hacerlo ya que Alemania era grande y su amo muerto un militar con compañeros que de seguro la terminarían atrapando. No iba a gastar energías en una acción tan inútil como escapar, después de todo seguro que si salía corriendo de la casa o saltando por la ventana, algo poco aconsejable estando herida debido a ser aquello un tercer piso, sería retenida por los vecinos o por algún transeunte al que le pareciese sospechosa tanto por su carrera como por la sangre que no lograba quitarse del todo ni de su cuerpo ni de sus rotas prendas.
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Re: ¿Crimen... O supervivencia?

Mensaje por The Candymaster el Mar Abr 26, 2011 10:34 pm

"Caminando por los lagos de Johannesburgo,
recordé cada diptongo de tu nombre,
oh Esther.

Firulete, firulín, el sabor del pirulín,
oh.... oh, Esther."


Era demasiado tarde como para que alguien estuviera prestando atención a la voz desentonada y chillona que venía desde las alturas. Nadie se molestó en levantar la mirada, salvo tal vez algún fiestero tardío, algún borracho o alguna prostituta, y ni siquiera ellos pudieron distinguir más que una sombra confusa en el firmamento.

El demonio más excéntrico que hubiera parido el Infierno en un buen tiempo, sobrevolaba la ciudad con los brazos abiertos cual avión. Más aún, se balanceaba ligeramente de un lado al otro, como si ello le ayudara a mantener la estabilidad. Dibujó un par de curvas y espirales en el aire y prosiguió su despreocupado vuelo por la ciudad durmiente.

Se frotó la cabeza y bostezó. Miró en derredor con gesto aburrido. No había nada para hacer, todo el mundo descansaba, y su propia voz ya no le era entretenimiento suficiente. Tomó las puntas de sus pies con sus dedos y se sentó en el aire. Acto seguido, comenzó a descender por una calle cualquiera. Al ver una ventana abierta, se colgó boca abajo del aire y se asomó con curiosidad, tomando su galera para no dejarla caer.

Sus cejas se arquearon al contemplar la escena de la muerte reciente. Sus ojos claros barrieron una y otra vez la imagen, pero no se molestó en esconderse. Cualquier vistazo por parte de la muchacha le permitiría ver con facilidad un rostro caricaturesco, amarillento, contemplando con mucho interés lo que ocurría dentro de la habitación.

-Menuda tunda. ¿Estás segura de que eres zapatera? Porque, mira, no quiero ofender, pero no pareces zapatera en absoluto.
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